Resumen para la gente con prisa

Presentamos a continuación un sumario de las principales ideas contenidas en este informe. No obstante, consideramos que la lectura completa del mismo es necesaria si se quiere conocer seriamente la complejidad y las consecuencias de la crisis en el Estado español.

1. LA IMPLOSIÓN DEL SISTEMA PRODUCTIVO EN ESPAÑA

El reciente modelo de acumulación de capital en la economía española se ha basado sobre todo en los sectores de construcción, turismo y automóvil, que tiempo antes de la crisis ya padecían una enorme sobrecapacidad, que los llevó a niveles de sobreproducción preocupantes. Esta estructura productiva se sustenta gracias a un mercado laboral altamente precarizado y una demanda creciente basada en el crédito fácil. A principios del 2007 se llega al límite de la sobreproducción, el sobreendeudamiento y ambos coincidieron en el tiempo con la crisis financiera internacional acelerando su proceso de deterioro económico, llegando al pozo en el que se encuentra hoy la economía en el estado español.

La industria y el turismo que parecía que debían ser los sustitutos de la construcción como motor del crecimiento de la economía española se han visto igualmente frenados:

  • Por un lado, la congelación del crédito y por el otro, la consecuente disminución de la demanda, están liquidando el endeble tejido productivo del estado español, compuesto en gran medida por pequeñas y medianas empresas.
  • Las grandes empresas, en cambio, con capacidad para captar recursos financieros, han seguido operando invirtiendo sobre todo en el exterior, en los países emergentes más rentables, ahora que en la economía interior afloran todos los problemas.

No hay, ni habrá en muchos años, ningún sector capaz de absorber los más de 1,5 millones de puestos de trabajo destruidos.

La demanda de exportaciones, igualmente afectada por la crisis mundial, tampoco absorbe los excedentes de producción. Muchos de los stocks sobrantes como el parque de viviendas ya no tienen salida entre los no residentes.

El sector productivo español lleva ya décadas sufriendo una polarización. Por una parte una enorme concentración de poder empresarial en cuanto a las decisiones y control de producción y, por otro lado, una atomización y crecimiento de pequeñas empresas (por la vía de subcontrataciones, externalizaciones, trabajadores autónomos, etc.). Esta característica ha actuado como vía de contagio rápido de la crisis.

La entrada de capital extranjero está invadiendo sectores de la economía del estado que se pueden considerar estratégicos como la energía o recursos básicos como el agua.

Es muy probable que de no haberse producido el shock financiero, el avance de los síntomas hubiera sido distinto, quizá menos repentino y de menor intensidad, pero estos efectos hubieran aflorado igualmente al tratarse el sector productivo español de un enfermo crónico.

El sistema financiero español, por su parte, se encontró con varios problemas al mismo tiempo: unas ventas ya debilitadas en el sector inmobiliario en el interior y la crisis financiera que llevó a la congelación internacional del crédito.

Fruto de la incapacidad de cumplir los importantes compromisos financieros que las empresas de la construcción e inmobiliarias tenían con la banca, así como del aumento de la morosidad de hipotecados ahora en paro, los bancos experimentaron muy sustanciales pérdidas en sus negocios con el sector de la construcción.

Los impagos de las constructoras convirtieron a los bancos en grandes inmobiliarias con un enorme stock de pisos invendibles. Lo que ha tenido dos consecuencias principales:

  • Por medio de sucesivas refinanciaciones de las deudas, ha permitido a los bancos y cajas utilizar estos inmuebles como activos para tapar el agujero dejado en sus balances por los impagos de los préstamos.
  • Estos activos tóxicos fuerzan a tener un pacto no escrito entre las propias instituciones financieras, que es el de mantener el precio de la vivienda sin que éste sufra el ajuste natural tras la explosión de la burbuja inmobiliaria.

El sector financiero en el estado español está fuertemente endeudado con entidades financieras internacionales, fruto de la época de bonanza en la que necesitaban recursos con los que proveer de créditos al sector de la construcción. Durante esa época buscaron financiación en los mercados internacionales para poder seguir llevando a cabo lo que parecían suculentos negocios. Ahora completamente instalados en la crisis, están pasando graves apuros para hacer frente a los plazos de devolución de los préstamos asumidos con dichas entidades.

El conjunto de todos estos elementos ha conducido al sector financiero español a una delicada situación, que ha necesitado de amplios apoyos públicos. La liquidez con la que han inundado el sector financiero tanto el BCE como el Estado, está sirviendo para que la banca gane tiempo, tape los agujeros de sus debilitados balances, pueda hacer frente a los pagos al sector financiero internacional y recupere la confianza que el mundo ha perdido en ella.

En teoría y según la intención manifestada por el gobierno, este dinero se debía destinar a seguir dando crédito a la economía. En lugar de destinar este dinero a seguir dando crédito, la banca ha dedicado las ayudas financieras a dos asignaciones principales:

  • Pagar sus deudas internacionales.
  • Mejorar sus negocios a través de la compra de deuda pública emitida por el Estado.

Esta situación difícil está llevando al sector a una reestructuración de gran calado donde las fusiones van a ser la estrategia de supervivencia de muchas entidades, especialmente de cajas de ahorro. El gobierno estimula este proceso mediante la creación de un Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB).

Estas fusiones no son meras operaciones contables, sino que conllevan una profunda reestructuración del sector, dado que el mismo está muy sobredimensionado y las fusiones que se van a llevar a cabo serán realizadas entre entidades cuyos productos y redes de oficinas no eran complementarias sino competidoras.

La reacción a la crisis ha llevado a la proposición de un cambio de modelo productivo por parte del gobierno, los analistas y los medios de comunicación pero que dista mucho de asegurar una mejora real del sistema productivo que permita salir de la crisis y avanzar realmente en la capacidad competitiva del país.

Medidas para reactivar la economía desde la demanda:

  • Desde de la administración pública se han llevado a cabo varias medidas, desde ayudas a la compra de automóviles o renovación de electrodomésticos a la ley de economía sostenible, que han tenido escasa repercusión real.
  • Desde el sector empresarial ha habido un giro hacia los llamados mercados low cost, dándoles salida en mayor medida a las marcas blancas. Es decir, quienes compran marcas blancas no compran otras, y por lo tanto sólo se mantendrá la demanda de este segmento. Además, es más que probable que el ajuste de los precios se produzca a través de la reducción del coste en mano de obra, ya sea reduciendo los salarios o bien reduciendo las plantillas.
  • Se propone salir de la crisis exportando, pero ante la actual coyuntura internacional de baja demanda y de aplicación de medidas proteccionistas y sobretodo el propio modelo productivo español basado en sectores no competitivos internacionalmente, resulta difícil de creer que pueda ser una salida viable a corto plazo.

En la búsqueda de un nuevo modelo productivo hacia el desarrollo de sectores de alto valor añadido, se mencionan las energías alternativas, las telecomunicaciones y los llamados sectores de la innovación, la información y la tecnología (I+D+i). Pero:

  • El cambio de modelo de una economía no es algo que se pueda hacer de la noche a la mañana, ni que se pueda dirigir fácilmente con una ley y unas pocas políticas.
  • No es fácil cambiar de modelo sobre todo si nunca ha habido el propósito de seguir unas líneas específicas de desarrollo industrial y el ‘modelo’ existente es el fruto de haber dejado la economía a las fuerzas del mercado, sin ningún intento de conducirlo hacia sectores de mayor interés.
  • Si la economía del Estado español se basaba en un sector de la construcción especulativo, un turismo de sol y playa, y un tejido industrial de pequeñas y medianas empresas dependientes de una gran empresa matriz central y de una demanda creciente gracias al crédito fácil era porque la estructura empresarial, las características del mercado laboral y la legislación que atañe al desarrollo económico (comercio, inversión, fiscalidad, etc.) han hecho que así sea.
  • La búsqueda de sectores rentables por parte del capital fue lo que hizo que se iniciara una burbuja que mientras no dejaba de crecer daba suculentos beneficios a los inversores y a las administraciones públicas y creaba puestos de trabajo, aunque estos fueran precarios.
  • No se ha producido una ruptura de la forma de acumulación de capital.

El discurso económico dominante para avanzar hacia el nuevo modelo se basa en mejorar la formación, la flexibilización del mercado laboral, impulsar la investigación y las nuevas tecnologías para mejorar la productividad y la competitividad, desarrollar nuevos sectores y mejorar el sector exterior. Aún no están claros qué sectores serán los nuevos espacios para el capital pero ya se vislumbran ciertas pistas como las energías renovables, la tecnología y el coche eléctrico, aunque éstos aún hoy son inciertos. Sin embargo:

  • Son recomendaciones muy genéricas que no parecen abordar precisamente los asuntos centrales de la cuestión.
  • La mejora en I+D, si se logra, lo que en sí mismo no es nada sencillo, no consigue un nuevo modelo de forma automática sino que requiere y sólo puede asentarse en un potente tejido de estructura empresarial y educativo y de formación tecnológica que todavía no existe y no se puede conseguir en el corto plazo. Y que requiere fuertes inversiones que a su vez necesitan las expectativas de beneficios para que se lleven a cabo. Aspectos que no están nada claros en las propuestas de creación del nuevo modelo productivo.
  • Asimismo, si las rentas salariales no participan de los incrementos de la productividad general del trabajo, el nuevo modelo no generará mejoras en el nivel de vida de las clases populares,conduciendo a una falta de demanda que acabará estrangulando el nuevo modelo.

Las propuestas para revertir esta situación son débiles básicamente porque desde hace muchos años se careció de un proyecto productivo e industrial sólido, con unas líneas directrices desde la administración que lo orientaran.

Finalmente, el modelo productivo que se pretende promover, basado en las nuevas tecnologías y orientado a las exportaciones, es la receta generalizada para todos los países. Es un modelo bien conocido, ampliamente experimentado y no aplicable a todos los países en su conjunto.

Por otro lado, el desarrollo de la productividad del trabajo mediante un uso más intensivo de la tecnología y del capital significa producir más con menos trabajo. Y esto tiene consecuencias contradictorias porque implica desplazamiento de mano de obra al desempleo si no se aumenta la escala de producción o si no se crean nuevas ramas de la producción que absorban las pérdidas de empleo ocasionados por la introducción de las nuevas técnicas de producción. Hay ya 4,5 millones de parados, y no parece haber en este nuevo modelo ningún sector económico capaz de ocupar ni siquiera a los parados que perdieron su trabajo durante la crisis, para volver al también preocupante nivel estructural de paro de unos 2 millones de trabajadores. La gran mentira que se ha podido oír últimamente es el llamado fenómeno del Jobless recovery (crecimiento sin creación de empleo). Pero el crecimiento sin creación de empleo es humo.
Si la salida de la crisis no se basa en una transformación profunda de los mecanismos sistémicos que mueven la economía capitalista lo único que se conseguirá será aplazar el problema. Hace falta dirigirnos a un sistema de producción, distribución y consumo democrático, donde los medios de producción sean de propiedad colectiva y la población sea quién decida qué producir y cómo hacerlo en función de sus necesidades sociales, de lo contrario, estamos condenados a sufrir y vivir en crisis.

2. EL EFECTO DE LA CRISIS EN EL MERCADO DE TRABAJO

Se hunde el empleo…
se observa una drástica caída de la contratación tanto temporal como indefinida. Aumentan los despidos, en su mayor parte en la modalidad de despido improcedente e individualizado
…y estalla el paro:
‘España genera en un solo año la mitad de los parados de Europa’. Cebándose en la construcción, los jóvenes y los hombres.

Al mismo tiempo, las empresas del IBEX, el índice de Bolsa que agrupa a las mayores compañías, reparten entre sus accionistas 18.000 millones en beneficios, mientras siguen despidiendo gente.

Por otra parte, la desprotección frente el desempleo es alarmante: 1.106.550 de parados registrados no reciben prestaciones por desempleo, que según la EPA ascenderían a 1.534.703, con un ritmo de crecimiento interanual del 46%, 494.600 familias que no reciben ningún tipo de ingreso (ni salarios, ni pensiones ni subsidios de paro), un 44,1% más que en el 2007.

El mercado de trabajo es un terreno de la lucha de clases, en el que la clase trabajadora ha de conquistar las condiciones del empleo y los salarios. Con la crisis:

  • Se intensifica la asimetría de poder y de clase entre los participantes que acuden al mercado de trabajo asalariado.
  • En esta crisis concreta, los objetivos de la clase capitalista, arropada por gobiernos y sindicatos, por políticos y académicos de todo pelaje, se centran en alterar los elementos esenciales que inciden en la compra de la fuerza de trabajo.

Hacia el absolutismo del empresario: disciplina salarial y laboral. La moderación salarial y el desmantelamiento de la negociación colectiva son las recetas que la Unión Europea recomienda al Estado Español, que achaca el paro a la “mala reacción de los salarios durante la crisis” y los “inadecuados mecanismos de negociación colectiva”. Se prevé, y ya nos advierten de ello, que en la recuperación económica que suceda a esta crisis persistirá el desempleo.

El impacto de la crisis en la situación de los trabajadores y los intentos de desregulación de las relaciones laborales que se están dando, podemos observar las siguientes tendencias generales de retroceso de las condiciones laborales:

  • El papel central de las crisis en el mercado de trabajo es engrosar el ejército de reserva, expulsando de los procesos
    productivos a los trabajadores innecesarios y haciendo una limpieza que prepara el terreno para una reestructuración de las fuerzas productivas.
  • Se está acentuando una tendencia a la conversión del trabajo en un coste variable con aumentos en la explotación, exclusión y disciplina.
  • El ejército de reserva viene a reforzar el papel disciplinador que ya venía imponiéndose en los últimos tiempos mediante la precariedad laboral y el “workfare”.

En la reforma laboral que se avecina, todo indica que:

  • El gobierno apuesta por una reforma laboral estructural.
  • El clima en el que se contextualizan estas negociaciones está marcado por una evidente desmovilización de los trabajadores y una pasividad y permisividad sin precedentes de los sindicatos.
  • Se ha puesto en evidencia la prepotencia con la que la patronal aborda el pacto de reforma laboral.
  • Se presenta el problema del paro como una falta de adecuación de los trabajadores para poder ser empleados. El problema de la economía española es que no genera los puestos de trabajo necesarios para emplear a su mano de obra activa.

El mercado laboral refleja los cambios en las relaciones de poder. Si consideramos el desarrollo de las relaciones laborales y la lucha de clases en los últimos tiempos, creemos que la crisis actual no va a suponer un punto de inflexión sino una profundización del neoliberalismo.

Difícilmente puede tener lugar una salida a la crisis debilitando la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Pero, a juzgar por los acontecimientos, la disminución de salarios amenaza con materializarse, lo que significa un permanente empeoramiento de las condiciones de vida de las clases populares.

Es realmente sorprendente que los trabajadores que dieron muestras de un gran espíritu de lucha durante todo el franquismo y especialmente en los sesenta y setenta se hayan convertido en una clase tan dócil que hasta merecen felicitaciones por parte del jefe del gobierno.

No podemos permitirnos perder la voluntad de lucha, no podemos consentir que se trate de implantar una paz social que oculta consecuencias fatales; las clases populares han sufrido ya un fuerte empeoramiento en sus condiciones de trabajo, situación que se ha agravado extremamente con la crisis.

Pero el empleo no lo es todo. Es cada vez más reconocido y aceptado que la producción es cada vez más el resultado de la actividad del conjunto de toda la sociedad:

  • ¿Quién es capaz de valorar la aportación individual de un trabajador en una empresa, sin tener en cuenta quien ha contribuido a su sobrevivencia, a su educación, formación, a la tecnología o la infraestructura sobre la que trabaja?
  • ¿Quién es capaz de valorar el papel de las familias que generan individuos sanos y afectivamente equilibrados con sus cuidados?
    ¿Cuál es el valor de la medicina y el investigador que contribuye a que estén sanos?
  • ¿Cuánto vale el político que dice representarnos?

La asignación de un salario distinto y específico a cada tarea es puramente una cuestión de tradición y, una vez más, del poder de las distintas clases y capas sociales, justificada con una supuesta teoría económica absolutamente obsoleta (la teoría de la distribución de la renta es una parte de la economía que nadie sostiene desde hace muchos años).

Si de verdad se pretende plantear el camino a las sociedades del futuro es inevitable este planteamiento: la producción, las múltiples formas del trabajo necesarias en una sociedad moderna son el producto del esfuerzo conjunto y no es posible medir la aportación de cada cual. La distribución de la renta no puede basarse sólo en el trabajo, sino que se han de lograr diseños alternativos de distribución del producto social, donde el trabajo no sea el elemento más importante. El avance en esta línea es imprescindible si se pretende encarar las sociedades del futuro con un mínimo de armonía social. Es imperativo señalar que el trabajo no puede seguir siendo el instrumento principal de distribución de la renta. De hecho ya no lo es. Ni para los capitalistas, ni en las familias, ni en los sistemas de asistencia social, el trabajo es el elemento distribuidor. Hay que diseñar otros sistemas. El avanzar en esta línea, sí que sería avanzar hacia la construcción de un nuevo modelo social. Seguro que la mayoría de trabajadores no estarían en contra de esta Reforma Laboral.

EL IMPACTO DE LA CRISIS SOBRE LA POBLACIÓN INMIGRANTE

Aunque las consecuencias de la crisis para la población inmigrante son similares a los de la población española, existen ciertas consecuencias, resultado del modelo económico y migratorio que hacen que la población extranjera, en determinados campos, se vea afectada en mayor medida por la crisis.

Las consecuencias para los inmigrantes en situación regular:

  • La ocupación de la población inmigrante se concentra en sectores económicos que han sido fuertemente golpeados por la crisis: la tasa de desempleo es mayor que la de la población española.
  • La pérdida del empleo conlleva consecuencias respecto a la renovación de los permisos de residencia: la posibilidad para el inmigrante de residir en España depende, casi exclusivamente, de lo deseable que sea para el mercado laboral y la legislación de extranjería, consecuentemente, renueva los permisos de residencia y trabajo sólo en la medida en que el inmigrante haya cotizado a la Seguridad Social.

Las consecuencias para los inmigrantes en situación irregular:

  • los inmigrantes en situación irregular no tienen la cobertura social de la prestación por desempleo, ni posibilidad de acceder a la renta mínima de inserción u otras ayudas o servicios sociales. Todas éstas medidas están ligadas a que el inmigrante se encuentre a paz y salvo con la administración de extranjería.
  • La situación de los inmigrantes en situación irregular resulta más dramática. La explotación laboral, inestabilidad y violación de derechos a la que son sometidos tiende a incrementarse con la crisis; bajo este panorama no resulta descabellado deducir que ante la crisis serán más vulnerables a la explotación laboral, las redes de trafico y trata de personas, de prostitución y demás.

Cabe señalar que los inmigrantes en su mayoría carecen de vínculos familiares en España y si los tienen se encuentran en una situación igual o peor y, por lo tanto, de cara a enfrentar todas las consecuencias de la crisis no pueden acudir a la red familiar, teniendo únicamente a las ayudas del sector público y del tercer sector. Así mismo, la crisis ha traído una disminución de las remesas, el cual venia siendo un elemento característico de la inmigración. La perdida del empleo cierra también las puertas a la reagrupación familiar, pues es necesario poseer una vivienda adecuada y un nivel de ingresos mínimos para solicitar que la familia del inmigrante pueda reunirse con éste en España.

La respuesta del estado español ha buscado:

  • La reducción de los nuevos inmigrantes laborales y de las reagrupaciones familiares
  • Fomentar el retorno

Mientras que la Reforma a la ley de extranjería de 2009 parece desentenderse o ignorar las consecuencias que la crisis tiene sobre la inmigración. Con pequeñas modificaciones como permitir la renovación con independencia de la cotización en la seguridad social o extender el acceso a los servicios sociales más allá de los básicos se hubiese mejorado ligeramente la posición del inmigrante.

En conclusión, la actual situación de crisis económica ha evidenciado el conflicto que presenta la compatibilización entre las cuotas de entrada de mano de obra y los desequilibrios, temporales o de largo plazo, de la economía; así como el mantenimiento de la población inmigrante en el territorio en momentos de caída del empleo.

En estos momentos Europa y España parecen tener dos horizontes claros:

  • La entrada de inmigrantes cualificados: es ingenuo pensar que las características del modelo económico español sean compatibles con la entrada de inmigrantes doctores e investigadores de alta cualificación.
  • Respecto a la integración de la inmigración su éxito es más que dudoso porque el modelo exige al mismo tiempo la integración y que se controlen los flujos migratorios en función de las necesidades del mercado; un control que es más efectivo favoreciendo las redes de tráfico de seres humanos y causando la muerte de cientos de personas al intentar cruzar nuestras fronteras que impidiendo la llegada de nuevos inmigrantes no deseados.

3. RESPUESTAS A LA CRISIS DESDE EL SECTOR PÚBLICO

Los tres años de crisis que reseñamos en este Informe han sido prolíficos en políticas económicas. Sin embargo:

  • La política neoliberal que se ha llevado a cabo desde los 80 ha despojado al Estado de los recursos financieros y de los instrumentos que le permitían incidir sobre la economía
  • La falta de instrumentos es más severa puesto que la pertenencia a la UE y a la Eurozona condiciona fuertemente la política económica que se puede hacer en el estado

En este contexto la política económica del gobierno en los dos últimos años se ha caracterizado por ser

  • Confusa y errática: El ejecutivo ha ido reaccionando ante los acontecimientos con retraso y las políticas seguidas pueden tildarse de improvisadas e imprevistas
  • Buena intención pero dudosa realización, se presentan muchas medidas ‘inconclusas’ que no se explicita como se llevaran a cabo o son difícilmente realizables en el plazo previsto.
  • Cortoplacistas respecto a la crisis, da la impresión que el Gobierno confía en que la situación mejorará en cuanto las economías ‘importantes’ se recuperen y ahora simplemente se van poniendo ‘parches’ para pasar el bache.
  • Largoplacistas respecto a las condiciones de trabajo, las medidas recientes tienen un carácter más permanente, estructural, especialmente las propuestas para la reforma de las pensiones y la reforma laboral, que son más duras para la población.
  • Profusión de medidas pero cuantitativamente limitadas, da la impresión que el Gobierno quiere poner continuamente de manifiesto que ‘está haciendo algo’ para salir de la crisis
  • La excepción financiera. Aquí parece que la línea es clara (ayuda incondicional) y dotación financiera muy generosa, aunque la revitalización del crédito que estas instituciones debían conceder a las empresas y familias ha sido prácticamente nula.

Respecto a la política fiscal, el gobierno ha decidido subir los impuestos (al consumo) principalmente para cubrir parte del déficit presupuestario y satisfacer las demandas de los financieros internacionales y la UE.

Esta subida generalizada de los impuestos al consumo no es justa: en las condiciones de España y de Europa hay que subir los impuestos a los ricos, y no subirlos a los grupos de ingresos modestos y mucho menos a los más pobres, que sin embargo, es lo que supone la subida del IVA y es contradictoria con una estrategia de salida de la crisis recuperando la demanda.

El aumento del impuesto sobre las rentas del capital es totalmente insuficiente: en este país hay todavía mucho margen para tasar a los más ricos y hay que considerar también la magnitud del fraude fiscal. En 2008 se ingresaron 8.054 millones de euros debido a expedientes contra el fraude pero su magnitud es mucho mayor

En cuanto a la Ley de Economía sostenible, que parece ha de resolver todos los problemas de la economía española por una década, cuenta sólo con una aportación de 20.000 millones de euros, que aunque parece mucho dinero es muy poco para cumplir todos los objetivos que se le asignan.

El giro radical de las políticas del gobierno en invierno 2010:

En enero de 2010 se produce un cambio en la orientación de las políticas públicas. Parece que este nuevo programa de reformas planteado por el gobierno se ha hecho principalmente con el objetivo de mostrar a las instituciones internacionales, la UE y los mercados globales su predisposición a hacer ‘todo lo que sea necesario’ para satisfacerles.

  • El miedo que genera la crisis se está usando para que las clases populares acepten medidas altamente impopulares.
  • Con estas medidas se ponen en cuestión muchas de las disposiciones que se habían tomado anteriormente y que hemos comentado aquí.

Si los cinco millones de trabajadores que están sufriendo tan tremendamente necesitan las políticas que hay que financiar con ese déficit público no hay más remedio que pagar la deuda a tipos de interés más altos dado que no se plantea ninguna política más radical como una reforma fiscal progresiva, recuperar las ayudas a la banca o dejar caer a empresas privadas que se han endeudado hasta niveles inasumibles.

La crisis de las pensiones públicas:

Es un problema creado artificialmente aprovechando el argumento de la presión demográfica y que hay muchas otras soluciones al mismo además de retrasar la edad de jubilación y aumentar los años de cómputo para las pensiones.

Es un estupendo negocio que para el sector financiero constituyen las pensiones privadas que se estimulan de esta manera.
Aunque fuese cierto que corren peligro, no parece tan inmediato como para intentar resolver sus problemas en medio de una crisis económica con 4,5 millones de parados

En cuanto al déficit público:

El déficit se ha disparado este año por el coste del apoyo a la crisis (ayuda a los capitales financieros y subsidio de paro), como se han disparado los déficits de otros países ricos y por la caída de la recaudación fiscal del estado.

La Deuda Pública en España, aunque ha aumentado también con gran rapidez está situada en niveles relativamente bajos, incluso debajo de la de muchos otros países más ricos de la UE

Desde las organizaciones internacionales y mercados financieros mundiales se está ejerciendo una fuerte presión sobre la deuda pública utilizándola como argumento para la aplicación de duras medidas de ajuste que afectan directamente a la población. Cuando la mayor parte del problema de nuestra deuda se basa en el alto endeudamiento privado y no público.

Pero es que, además, estas medidas son muy incoherentes con los demás objetivos que dicen estar intentando potenciar desde el 2008. Por muchas razones:

  • con un gasto público decreciente en infraestructuras y empleo y salarios públicos, es imposible incentivar la demanda y crear empleo;
  • si las personas mayores han de trabajar dos años más, ¿Cómo crearán empleo para los jóvenes que tienen altas tasas de paro y que, además se dice que quieren potenciar concentrando en ellos las bonificaciones a su contratación? Incoherencia completa;
  • ¿es posible creer que no se tocará el gasto social si los ayuntamientos, que ya están muy ahogados por falta de fondos, y las CC.AA. sobre los que recaen muchos servicios sociales han de reducir su gasto?;
  • no se puede mantener el gasto social si se recorta el empleo, cosa que no podrá dejar de suceder con el recorte del gasto;
  • trabajar hacia un nuevo modelo de crecimiento exige tiempo y mucho dinero, ¿Qué va a pasar con la investigación, la educación, el conocimiento necesario para intentarlo? o, ¿queda todo en papel mojado?

En esta crisis la pertenencia a la UE no ha facilitado su solución, sino que esta forzando una política económica trasnochada, ineficiente y muy dura para la población, que empeora las condiciones de una solución: Somos rehenes de la UE con su Pacto de Estabilidad y Crecimiento y de los mercados financieros internacionales.

El rescate de los poderosos

Si se revisan todas las medidas en su conjunto se perciben las importantes y graves diferencias entre las dirigidas a favorecer los intereses del capital y las que pueden beneficiar a los trabajadores. No solo las ayudas monetarias dirigidas a las instituciones financieras son mucho mayores que las dirigidas a ayudas a la población, sino que otras medidas de política afectan a la población de forma muy desigual: eliminar la deducción de 400 euros no afecta a todos por igual, ni eliminar el impuesto de Patrimonio o de Sucesiones; por otra parte. ya veremos cual será el resultado final del llamado Diálogo Social y la Reforma Laboral, cuya idea ya ha sido aceptada por el ejecutivo, o la diferencia entre las ayudas a los inquilinos y la ley de Desahucios Express para los propietarios, etc. Además, se acaban de proponer medidas que tiran por la borda todo lo legislado hasta ahora para recuperar la economía y mejorar el empleo. Lo más grave es que a medida que se avanza en el tiempo, el gobierno va siendo más y más audaz en sus ataques y toma medidas más duras para los trabajadores y las clases populares. Es de temer que en vez de una Economía Sostenible, acabemos avanzando hacia una Economía ‘Sumergible’ (por la importancia en España de la economía sumergida) a la que tenga que recurrir cada vez una mayor parte de la población española para sobrevivir.

En esta crisis la pertenencia a la UE no ha facilitado su solución, sino que esta forzando una política económica trasnochada, ineficiente y muy dura para la población, que empeora las condiciones de una solución: Somos rehenes de la UE con su Pacto de Estabilidad y Crecimiento y de los mercados financieros internacionales.

4. CALIDAD DE VIDA Y DESIGUALDAD

En el ámbito mundial España está considerada como un país donde se vive mejor que en otros muchos países. Sin embargo:

  • El 20% de la población con mayores ingresos recibe más de cinco veces lo que recibe el 20% con menores ingresos.
  • Entre 2003 y 2007 el 60% de la población más pobre había perdido renta real y, el 10% más rico de la población se apropia ya de más del 31% de la riqueza.
  • El 10% más rico de la población se apropia del 70% de la riqueza financiera.
  • El 40% de la población vive con ingresos inferiores a los mil euros al mes mientras que 1,4 millones de asalariados en 2006 cobraban más de 4.925 euros al mes.
  • Se observa una evolución negativa con una disminución del salario medio entre 1994 y 2006.

Si esta era la situación en 2006 no hay duda que la desigualdad es bastante mayor en 2009. La crisis está teniendo un efecto devastador sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora.

En un año –enero 2008 a enero 2009-, la pérdida experimentada en los salarios reales de los convenios pactados ha sido del 5,5% (a pesar de ello la patronal no los ha ejecutado en un gran número de casos), mientras que la pérdida en los convenios de empresa pactados ha sido del 12,88%.

Los ricos, beneficios y altos salarios en la crisis

Aunque no se puede negar que con la crisis los beneficios empresariales han disminuido mucho:

  • Quedan todavía 127.100 personas que poseen más de mil millones de dólares.
  • En España, la retribución media por trabajo de los consejeros y altos directivos de las empresas españolas que cotizan en bolsa, acumula cinco años de subidas ininterrumpidas.
  • Las cifras que cobran los cargos directivos de las empresas son injustificadas, escandalosas y totalmente injustas. Más cuando estos mismos directivos están permanentemente insistiendo en la necesidad de la moderación salarial. Pero no debemos perder de vista que, incluso estas altísimas cifras, son una reducida parte de los beneficios empresariales, que son los que verdaderamente constituyen el eje crucial del capitalismo.
    Las desigualdades también son profundamente significativas respecto a la acumulación de riqueza y al endeudamiento.
  • A medida que las rentas aumentan, aumenta también el patrimonio que poseen las familias, llegando a 625.000 euros el patrimonio de las fa-
    milias más ricas.
  • Los más ricos recurren más al crédito (la proporción de hogares con cargas aumenta a medida que son más ricos, de 18,8 al 65,4%), pero son los más pobres a quienes sus deudas pesan más (49,2 en lugar de 10% de los más ricos).La pobreza es la manifestación extrema de la desigualdad. La población que se puede considerar pobre oscila entre el 18 y el 20% de la población total. Con la crisis, este porcentaje está aumentando.
    • Los únicos países de la UE con unas tasas de riesgo de pobreza más elevadas que España son Letonia, Rumania y Bulgaria, con Grecia y Lituania con el mismo porcentaje que España.
    • Los trabajadores parados son los más fuertemente afectados por la pobreza. Para las familias donde ninguna persona tiene empleo, es decir, todos sus miembros están en paro, la tasa de pobreza llega al 50%. En las familias en las que trabaja sólo una persona pero sin contrato indefinido, la tasa de pobreza llega al 30%.
    • Cada vez hay más trabajadores que a pesar de trabajar a jornada completa no llegan a cubrir sus necesidades con su salario (‘trabajadores pobres’).
    • Los costes de la vivienda tienen mucha importancia en el nivel de pobreza. El impacto del pago de las hipotecas y alquileres es considerable, y más en las familias con niños. Por ejemplo, el hecho de descontar los costes de vivienda en las que viven los niños de 3 a 5 años, aumenta las tasas de pobreza del 20 al 29%.
    • Los inmigrantes son otra categoría importante: Un 29% de familias autóctonas señalan que tienen dificultades para llegar a fin de mes, mientras que en las familias inmigrantes esta cifra llega al 43%.

    5. REFLEXIONES FINALES

    LA DIFÍCIL SALIDA DE LA CRISIS

    La crisis actual, hasta ahora, se está saldando sin haber resuelto ninguno de los problemas de fondo de las economías que llevaron a la crisis actual, desde el punto de vista del propio capitalismo.

    La actual ‘recuperación’ es debida principalmente a las ingentes ayudas públicas a la economía financiera y las grandes industrias. Estas ayudas no podrán continuar indefinidamente. Pero, ¿de donde va a llegar la demanda en una situación de creciente paro, precariedad laboral y austeridad salarial? ¿Puede esto considerarse una ‘recuperación’? Sólo si los únicos intereses que importan son los de los capitales financieros y las grandes empresas.

    Si todo lo anterior puede afirmarse para el ámbito mundial, cuanto más para la débil y vulnerable economía española:

    El PIB no crece, la demanda no mejora, el inmobiliario no va a recuperarse, la inversión industrial es difícil que se reinicie ya que tiene exceso de capacidad en casi todos los sectores, mientras la producción industrial cae, ¿pueden las exportaciones absorber los excedentes? No parece probable.

    No hay tampoco voluntad de políticas fiscales progresistas que permitan financiar los déficits fiscales.

    El problema de la demanda de una población empobrecida por la crisis es uno de los puntos clave para lograr una recuperación. ¿No se les ocurre a los poderes fácticos que lo único que facilitaría el aumento de la demanda sería un aumento de los salarios?

    Ya hay 4.500.000 parados, los salarios bajan, la precariedad laboral y la economía informal aumentan.¿No es puro cinismo, sino sarcasmo, llamar a esto recuperación?

    Además, la recuperación, aun si se produjera como nos dicen, ¿a dónde nos conduce? A una sociedad todavía más capitalista, más explotadora, más injusta. Si se analizan las tendencias que se están perfilando en lo que consideran la salida de la crisis, el panorama que se observa es altamente preocupante. Si la recuperación en la que se insiste ya estamos enfilados tiene lugar, ¿que tipo de sociedad nos espera?

    Se está dando un triunfo durísimo del capital sobre los trabajadores y la población en general, con una explotación creciente en los lugares de trabajo, un paro que nos dicen tardará más de diez años en resolverse (si se resuelve), unas prestaciones del bienestar disminuidas, unos poderes financieros prepotentes y unas empresas productivas extremando la explotación de sus trabajadores. ¿Es una vuelta al capitalismo salvaje del siglo XIX?

    Pero, este sistema ‘recuperado’ ¿puede ser un sistema estable? Por un lado, fruto de la intensificación de la explotación aumentarían los beneficios del capital, pero ¿quién comprará las mercancías fabricadas? Los trabajadores no, pues sus salarios y precariedad laboral no les permiten consumir siguiendo el ritmo de los aumentos de producción. ¿Serán China y los demás países emergentes quienes podrán tirar del carro del consumo mundial? Es verdad que podrían tener una gran capacidad para aumentar su consumo, pero no olvidemos que, aunque su población es mayoritaria en el mundo, su peso económico es mucho menor que el de los países centrales, por lo que es difícil que puedan arrastrar el carro de la economía mundial. Además, estos países están vertidos a crecer por medio de las exportaciones, con lo que agravan el problema del consumo mundial en lugar de resolverlo. ¿Qué países podrán ser exportadores netos en un mundo global orientado a la exportación?

    Quedan sólo los gobiernos de los países ricos, que volverán a ser los salvadores de sus economías convertidos en grandes compradores para la producción de cada estado. Pero descartado el gasto en el estado del bienestar por exigencias del capitalismo, ¿qué pueden comprar? Obras públicas, armas y poco más. El tema reside en cómo financiarían tal gasto, ya que no quieren hacer una reforma fiscal que afecte a quienes más tienen. La financiación de dicho gran gasto (hará falta mucho gasto para evitar las recurrentes situaciones de subconsumo) sólo se puede hacer bien mediante la Deuda Pública, que muy probablemente es muy difícil que continúe teniendo compradores en tales cantidades si los beneficios privados se recuperan y presentan menores riesgos. Asimismo, es dudoso que compren nuestra deuda pública los grandes inversores institucionales o incluso los fondos soberanos. Standard & Poors, una de las tres agencias de evaluación más importantes del mundo, ha rebajado recientemente la evaluación de la deuda pública española, lo que supone un mercado más difícil y tener que pagar intereses más altos por la misma.

    La otra fuente de financiación es el aumento de la presión fiscal sobre la población, pero si no se quiere grabar a los ricos, habrá que grabar a las poblaciones. Lo que, junto al resto de todas las medidas que estamos comentando aquí, supone que la distribución perversa –contra el trabajo y a favor de los beneficiosque ha presidido todo el periodo desde la crisis de 1970 continuará vigente y potente. ¿Quién consumirá entonces? Sólo las élites económicas y políticas verán aumentada su capacidad de ahorro y consumo, mientras que las poblaciones del mundo entero tendrán que aprender a vivir en condiciones de salarios más bajos, empleos precarios y reducidas prestaciones sociales. En una palabra, el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de las poblaciones.

    Sabemos que la salida de las grandes crisis siempre implica un cambio del modelo de la etapa anterior. Cabe preguntarse si ‘la salida de la crisis’ va a suponer este ‘nuevo modelo’ de un capitalismo, como siempre duro y cruel, ahora de enormes empresas e instituciones financieras oligopólicas globales, financiadas y apoyadas en fondos públicos, sirviéndose de una miríada de empresas satélites totalmente subordinadas a las primeras, en el que sólo podrán tener niveles de vida adecuados las élites económicas y políticas, que consumirán sin tasa, ahorraran e invertirán con abundancia, en connivencia con estados imprescindibles para sostener la economía del modelo. Estados cada vez menos democráticos, obligados a recurrir cada vez más a la represión, y con un desprecio total por los problemas de su población y los ambientales aunque los reconozcan retóricamente. ¿Vamos hacia un capitalismo corporativo e institucional de esta naturaleza? Es de temer.

    ¿Aguantaremos las poblaciones este capitalismo, o esta ‘salida de la crisis’ será una etapa en la que las poblaciones percibiremos la irracionalidad y el absurdo del sistema en el que vivimos y seremos capaces de plantarle cara? Esta parece ser la gran disyuntiva de las próximas décadas.

    LAS RESISTENCIAS SOCIALES ANTE LA CRISIS.

    Hasta el momento, las reacciones sociales ante el fuerte deterioro social y económico que viene produciéndose en el conjunto de las condiciones de vida de la clase trabajadora están siendo muy débiles. El descontento social existente no se ha manifestado con fuerza ni ha conducido a la potenciación de un movimiento “anti-crisis” como sujeto político de envergadura con capacidad de intervención social.

    El papel de los sindicatos mayoritarios ante la crisis (CCOO y UGT) hasta el momento ha sido extremadamente débil:

      • Sólo se ha concretado en respuestas puntuales y absolutamente atomizadas en cada una de las industrias dónde sus afiliados están teniendo problemas laborales.
      • Sólo ha habido una manifestación durante el mes de diciembre en Madrid dónde aproximadamente 50.000 personas mostraron su malestar ante la crisis
      • Sólo en relación con las pensiones públicas se ha convocado, en varias ciudades del estado una manifestación, sin mucho éxito.

    La respuesta ha sido mayor desde sindicatos de carácter minoritario (CGT, Co.bas, IAC por ejemplo), de nivel regional (Centrales vascas o SAT en Andalucía, o el sector del metal en Galicia) o en ciertas empresas (como TMB en Barcelona o UPS-Vallecas),

    La reacción sindical se produce, como mucho, a nivel de empresas particulares, más bien fruto de los EREs, en los que los trabajadores responden ante el riesgo de perder su empleo y su nivel de consumo (o bienestar) más que como una respuesta de clase.

    Algunos intentos de coordinación ante la crisis:

        • Desde la izquierda transformadora: el alcance de las acciones propuestas por estas coordinadoras ha sido más bien escaso y con poca capacidad de incidir en los sectores sociales no politizados.
        • De las personas afectadas directamente por la crisis (por ejemplo, la plataforma de afectados por la hipoteca o las distintas asambleas de parados)
        • De la economía social: la cooperativa es la formula empresarial que más ha crecido durante el 2009 en Cataluña. Este aumento de creación de cooperativas contrasta con la caída experimentada por la fórmula de la sociedad mercantil que durante el 2009 sufrió un descenso del 32% respecto al año anterior.

    Pero resulta evidente que las reacciones a la crisis, cuando han existido, se han concentrado más en generar dinámicas concretas de respuesta, con un marcado carácter local, que en intentar construir un sujeto político con capacidad de intervención social.

    Hasta el momento no existen ni las propuestas ni la estrategia de transformación capaz de aglutinar el descontento social y que puedan hacer creíble, ante la mayoría de la opinión pública, que existe una posibilidad alternativa de enfrentarse a la crisis.

    Para la mayoría de la población la crisis se está viviendo como una enfermedad curable, como un mal sueño que tarde o temprano llegará a su fin. En esta dirección apunta de manera clara el mensaje que se lanza a la ciudadanía desde el consenso mediático.

    Para la mayoría de la clase trabajadora resulta difícil aceptar un discurso, el proveniente de la izquierda, que a menudo plantea la mejora de las condiciones individuales de vida a través de la mejora colectiva y mediante un proceso de sacrificio y de lucha.

    La lección que la izquierda debe sacar de esta crisis es repensar la importancia de generar resistencias más permanentes y más precavidas contra la integración en las esferas del poder, en parte, para evitar la tentación de entrar en el ámbito de las instituciones del sistema y ser víctimas de la cooptación como lo han sido y son los grandes partidos y las centrales sindicales mayoritarias.

    La izquierda, o las izquierdas, han de considerar que ahora es el momento de potenciar y reforzar las resistencias constantes, por lo que no debemos olvidar los compromisos y las luchas específicas y temáticas que diariamente se realizan en el ámbito local: barrios, municipios y pueblos. Aún a sabiendas que son pequeñas y realizadas por colectivos minoritarios, estos grupos forman parte de los movimientos sociales que continúan manteniendo de manera persistente la tensión dentro del sistema.

    Son el embrión sobre el que construir las alternativas al capitalismo. Porque la lucha contra el sistema no puede continuar basada en la defensa coyuntural de los derechos de los trabajadores en particular y de los ciudadanos en general cuando el capitalismo ataca ferozmente como ahora, sino que es imprescindible desarrollar alternativas en las que incardinar estas acciones locales, ampliarlas y coordinarlas contra los poderes dentro de un ámbito más horizontal. Reivindicaciones específicas que han de formar parte de un plan de ataque contra el sistema y que se desarrollarán dentro de un espacio concreto, pero que han de constituir los procesos contra el capitalismo con desarrollo prolongado e indefinido en el tiempo.

    POST-DATA

    Durante los últimos días de enero la situación de la economía española, por lo menos su reflejo en los medios, ha experimentado un fuerte sobresalto. Las autoridades de las instituciones internacionales, con la Unión Europea al frente, y los mercados financieros mundiales parecen haber concluido que la economía española y, sobre todo, el déficit público y el aumento previsible de la Deuda Pública para financiarla, indican que la economía del país está en graves dificultades.

    La evaluación negativa de las instituciones internacionales no es nueva. Llevan ya bastantes meses insistiendo en los graves problemas de la economía española y requiriéndole un cambio de rumbo. La cuestión es que da la impresión que el gobierno ha entrado en una ola de pánico ante estas opiniones y presiones y ha reaccionado con las medidas de fin de enero, con el objetivo fundamental de controlar el déficit público ignorando que el problema de fondo del país es el endeudamiento exterior privado. De un plumazo se eliminan dos años de políticas, por lo menos en principio, anti-crisis.

    Nadie que estudie seriamente la situación de la economía puede llegar a otra conclusión. Los agentes internacionales han salido al paso y han revelado la verdadera gravedad del problema: una muy débil situación financiera y una carencia profunda de posibilidades de recuperación productiva. Además de la preocupación por el déficit, los evaluadores internacionales insisten en nuestra falta de competitividad. ¿Qué podemos producir en este país que proporcione empleo a tantos millones de parados?

    Al mismo tiempo, los comentarios internacionales empeoran la situación, a modo de círculo vicioso, ya que llevan a que poderosos agentes económicos que operan en el país, tomen medidas de salida del mismo deteriorando todavía más la situación. En el capitalismo financiarizado actual los países y las poblaciones de los mismos son rehenes de los capitales globales que exigen que las economías se orienten por donde a ellos les conviene. En pocas palabras, si estábamos mal, ahora estaremos peor en razón de la alarma sembrada por estas instituciones.

    Pero aunque la situación sea tan difícil hay que afirmar también que podrían haber otras medidas, que sin hacerla sencilla, permitirían paliar la situación con otros medios. El principal entre ellos nos parece que sería un plan integral de emergencia, que comportase:

        • una ayuda a los directamente afectados por la crisis (parados, desahuciados, etc),
        • una reforma fiscal de envergadura que hiciese pagar más a los que más tienen,
        • una presencia pública importante en el sistema financiero (bancos o cajas públicos),
        • una enérgica política de empleo público –aunque aumentase el déficit a corto plazo–, y
        • una línea modesta pero bien diseñada de moderno desarrollo productivo (agrícola, industrial y de servicios).

    Estos elementos no harían posible una inmediata salida de la crisis, pero podrían avanzar hacia una economía más sólida, eficiente y un poco menos injusta. Aunque no podemos olvidar que esta injusticia y las crisis periódicas tan destructivas como la actual, son el fruto habitual del capitalismo.

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